Proyecto

El proyecto “La Ciudad de los niños” nace en Fano en mayo de 1991, de una idea de Francesco Tonucci, con una intención política concreta: promover el cambio de los parámetros de gobierno de la ciudad poniendo al niño en el lugar ocupado por el adulto trabajador, que se desplaza en automóvil. Los niños asumen un papel activo en el proceso de cambio participando de forma concreta en el gobierno y en la delineación de la ciudad,  apropiándose de nuevo del espacio urbano.
El proyecto tiene como interlocutor inmediato al alcalde y a su Junta Municipal ya que, por su transversalidad, están interesados e implicados todos los sectores de la administración.

La motivación

La literatura científica, incluidas distintas fuentes (psicológica, sociológica, urbanística), nos ofrece la imagen de una ciudad cada vez menos capaz de dar respuesta a las  exigencias de los ciudadanos. La lógica de diferenciación y especialización de funciones, que ha guiado la transformación urbanística en los últimos decenios ha terminado por fragmentar la ciudad en lugares separados haciéndoles perder su naturaleza original de lugar de encuentro y de intercambio social. En esta nueva dimensión, que debería corresponder prevalentemente con las exigencias del ciudadano adulto y trabajador, el automóvil se convierte en el principal protagonista: ocupa los espacios públicos, contamina el aire, provoca la muerte de un elevado número de personas. El ambiente urbano se percibe como peligroso y los niños pierden la posibilidad de desplazarse solos por su ciudad para vivir experiencias necesarias para un correcto desarrollo cognitivo, emotivo y social como la exploración, la aventura o el juego. Sin embargo  la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas  el 20 de noviembre de 1989 y ratificada por Italia con la ley número 176/1991 reconoce  el derecho del niño a jugar (artículo 31) y el derecho a un nivel de vida tal que permita su desarrollo físico, mental y espiritual (artículo 27).

¿Por qué cambiar la ciudad a través del niño?

Los niños están implicados en la asunción de un papel activo en el proceso de cambio de la ciudad y de la relación entre ciudad y ciudadanos porque son “competentes”. De Piaget a Bruner, por citar los más conocidos,  los estudios concuerdan en afirmar que el desarrollo cognitivo del niño se verifica desde el nacimiento. El niño nace “competente” y dispone inmediatamente de nociones, valores y criterios de evaluación que orientan su experiencia (Juul, 2001) y que se harán cada vez más amplios y complejos a través de la experimentación con el mundo que le rodea. Desde el principio los niños son seres sociales, colaboradores, preparados y capaces de comunicar. Desde la perspectiva de una “Nueva Sociología de la Infancia” los niños son sujetos activos capaces de influenciar y de ser influenciados por el ambiente en el que viven, son capaces de interpretar sus necesidades y de expresarlas (para profundizar ver Satta, C. (2018). Bambini e adulti: la nuova sociologia dell’infanzia. Carocci Editore). Es pues, a través de sus ojos, el modo  de ver una ciudad mejor  y reconsiderar un contexto urbano que sea más adecuado para ellos y para todos los ciudadanos. Escuchar a los niños significa, de hecho, dar voz a las exigencias de quién ha sido “minusvalorado” en la concepción de la ciudad, significa abrir un punto de vista innovador  para basar  en  lógicas y equilibrios diferentes una ciudad nueva.

La propuesta: un nuevo parámetro

Pedir a las administraciones locales, concretamente a los alcaldes, que, en lugar de utilizar al adulto,  utilicen al niño como parámetro de gobierno de la ciudad significa invertir la ruta e intentar detener el proceso degenerativo que arremete contra el ambiente urbano. Significa adoptar un punto de vista diferente y progresista,sobre las prioridades en las decisiones políticas de la administración.  Pasar de una gestión que privilegia a los automóviles a otra que, en su lugar, favorece a los peatones permite la recalificación de la ciudad bajo todos los puntos de vista: el refuerzo del tejido social, la pertenencia, la seguridad y la sostenibilidad del ambiente urbano.
Para que sea eficaz tal proceso debe basarse no solo en el consenso de los ciudadanos sino también en su implicación activa. No se trata solo de  apropiarse de la ciudad por parte de quien vive en ella y la cruza cotidianamente sino de una verdadera y propia rehumanizacion de ese espacio. Los ciudadanos tienen que estar implicados en la participación activa para que este proceso no se limite a la lógica de la circulación de los vehículos (Ariès, 1999), sino que respire ideas nuevas de quien todavía no ha sido escuchado. Se llama a los niños a participar tal y como se auspicia en la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño de la ONU (1989) que establece su derecho a expresar libremente su opinión sobre cualquier cuestión que los concierna (art 12) y su derecho a ser escuchados porque su opinión es importante para todos.
La reconquista del ambiente urbano, la recuperación de varias formas de juego y el desplazamiento autónomo por la ciudad son esenciales no solo para el desarrollo sano del niño sino también y sobre todo para un mejor desarrollo de la ciudad misma.

En concreto

La afiliación de las ciudades al proyecto es otorgada personalmente por el alcalde y confirmada por una resolución municipal.
La afiliación no tiene ningún coste económico pero representa la voluntad política de  comprometerse a respetar a los niños y  a cambiar la ciudad.